Pedrés visto por un niño monterista. Luis Fernando Angosto

06.09.2021

 Me lo ha comunicado mi paisano y sobre todo amigo Julián Soriano apenas al tiempo de ocurrir. Los correos de las nuevas tecnologías llevan las noticias tristes -y algunas alegres- casi en tiempo real: "Acaba de morir Pedrés"

Se me han agolpado los recuerdos, y la nostalgia me ha inundado, una vez más, rodeada de melancolía que, dudo que no sea bueno, por aquello de tener fresca la mente. Y he vuelto a recordar que, apenas hace una quincena de días, Paco Ruiz Risueño y yo nos intercambiábamos el reportaje que Paco Mora escribió en Aplausos sobre Pedro Martínez Pedrés; donde nos contábamos el pedresismo acentuado de su padre en contraposición del monterismo de su primo Daniel Ruiz, padre y abuelo de los actuales ganaderos y las anécdotas que, de niño y algo mayor, tuve en relación con el gran torero Pedro Martínez Pedrés.

Para los que, afortunadamente, tienen menos años que los citados, los que citaré y el que esto escribe, sean o no aficionados a los toros (cuestión en la que no me recato en proclamar que integro la cofradía de los primeros), hay que decirles que Juan Montero y Pedro Martínez Pedrés fueron dos jóvenes que desde novilleros sin caballos hasta las más altas instancias que, como matadores de toros, lograron alcanzar cotas inimaginables en sus principios. Su rivalidad hizo que los albaceteños de la capital y de la provincia se convirtieran en "istas" de uno ú otro,tuvieran no solo discusiones argumentando sus inclinaciones, si no que se llegaran a las manos con lo que de alteración de orden público suponía. Llegado a éste punto viene mi primer recuerdo. El 15 de Agosto de 1.951, el primer año después de trasladar la Feria de Villarrobledo desde Septiembre, torearon en su plaza novillos de Samuel Flores, Juan Posada, Montero y Pedrés. La plaza a reventar y yo, como espectador acompañado de mi abuelo Tiburcio que pasaba un tiempo con nosotros, atónito y resguardado por él, subidos hasta un palco para evitar los problemas que, entre los partidarios de uno y otro y la Policía Armada y Guardia Civil venida exprofeso desde Albacete, trataban de arreglar su preponderancia. No me pidan como desde mis 5 años hasta ahora siempre he tenido aquella sensación. Ni me soliciten como con pocos más me llevaron la hija de un cliente de vinos de mi padre, Bodegas Cervantes, en la calle Cervantes, al lado de la casa de "Los Potaje" (los Montero) y una amiga, a casa de Pedrés, porque eran amigas de las hermanas del mismo; y la vergüenza, que todavía conservo por mi indiscreción, que al preguntarme de quien era partidario contesté ufano que de Montero. O de mi cara dura al meterme en la boda de Casarrubios, después tan amigo, para hacerme la fotografía que acompaño junto a tantos conocidos. O la vez que Pepe Nuñez-Cortés y yo fuimos a Manzanares donde toreaba Pedro con "El Cordobés" y, estando solo en la habitación después de haber cuajado a un toro como solía hacer en su postrera reaparición, respondió a Pepe tras ensalzarle la faena "has visto como he estado, ¿no?, pués te habrás dado cuenta que la gente solo estaba pendiente de Manuel; éste acaba con todos". O la satisfacción de que nuestro Santos García Catalán me contara como fué testigo de la presentación de la primera corrida de toros que lidió Pedro, en Iscar, y como, en directo, entrevistó a su mujer, Teresa Jareño, nuestra paisana, con la que ha compartido toda su vida.

Confieso sin rubor que mi militancia monterista de aquellos años se convirtió en pedresismo convencido. Por extraordinario torero, porque me consta su hidalguía y su pasar por la vida con bondad, humildad y caballerosidad. Con Pedrés crecimos y con Pedro debemos fijarnos para imitarle. Descansa en paz.

Luis Fernando Angosto